
En mi familia-clase-
media siempre repercutieron los cimbronazos económicos a los que nuestra clase dirigente (por obra y gracia del ministro de economía de turno) nos tiene acostumbrados. Al año se lo pasaba a los ponchazos y, sin embargo, cada 31 de diciembre a las 12 de la noche y cada mediodía familiar del 1 de enero, los comentarios sobre el año por venir eran un tanto optimistas. Después, obviamente, seguíamos luchando, enojados, protestando, que la plata no alcanza, etc.
Esa misma sensación de fin de año y año nuevo es la que prevalece en mi casa cuando hay elecciones para presidente (ni qué hablar si gana el que votamos!). Pero me atrevo a aseverar que este año no siento lo mismo. Yo, al menos.
Yo aventuro un período presidencial oscuro. Desde que el señor K se puso al frente de la economía y a “torear” a todo quien opinara distinto que él, el país tiene un tinte negro en cuanto a imaginar el futuro se trate.
No considero de buen agüero los controles de precios, las reuniones con banqueros y empresarios para espetarles que tienen “platita”, como tampoco el poco respeto a la libertad tanto de prensa como de tránsito. Y me da un poco de escalofríos que por cada asesinato de policías o desaparición de personas, los Fernández con bigotes salgan a hablar de nada con un montón de palabras. Y que el presidente empiece a los graznidos si los resultados de tal o cual investigación no arroja los resultados que él espera: los que a él le conviene.
Durante las presidencias de Isabel y Alfonsín también hubo controles de precios, la gente hacía cola para comprar un litro de aceite, había desabastecimiento, en fin, algo parecido a lo que pasa ahora.
Ojalá, por el bien de todos – no por el dirigente de turno - no se repita la historia pero siento que todos estos meses, sobre todo el último año, el país ha estado viviendo dentro de una olla presión y en cualquier momento todo vuela por los aires.
Ella da la imagen de ser distinta y quiere demostrártelo. Ella te quiere convencer de que su gobierno va a ser diferente. A su imagen y semejanza: seguramente tomará medidas poco profundas, para zafar del momento cual base de maquillaje que te disimula las imperfecciones. Y, en cuanto a la forma de gobernar, creo que no hay dudas: firme e inflexible como el rostro tratado con botox.